Placer

Léelo despacio, saboréalo.

Una onza de chocolate después de comer.

Una tarde despejada leyendo un libro.

El crepitar del fuego en la chimenea.

Un concierto de música clásica en directo.

Un baño de sales.

Un masaje con aceites aromáticos.

Un baño de mar muy frío.

Un aperitivo en una terraza al aire libre.

Una canción que me hace sonreír.

Flores frescas en un jarrón en la mesa.

Unas manos que me peinan y acarician mi cabeza.

Una ducha después de ejercicio intenso.

Un helado italiano de dos bolas.

Un café con una amiga.

Cenar en familia.

Caminar sin rumbo.

Observar las montañas.

Pasear descalza sobre la tierra.

Abrazar.

Bailar.

Una copa de vino.

Mis amigos.

Planificar un viaje.

Pasar tiempo con mi madre.

Celebrar, lo que sea.

Las clases de fuerza (si, si)

El yoga.

Ver felices a mis hijos.

El sonido del río.

La calidez del sol sobre la piel.

El olor a tierra mojada.

Una tarde de cine.

La llamada de una amiga.

Meditar.

Conversar sobre la vida.

Escuchar mi emisora favorita.

Mirar las estrellas.

Ver fotos antiguas.

Abrigarme cuando tengo frío.

Viajar en avión.

Acariciar a mi perra.

Trabajar en welcomeemotions.

Conectar con las personas.

Una tostada de aguacate y atún.

Perderme en el mundo de lo invisible.

….

Veo que podría estar toda una tarde enumerando aquellas cosas que me producen placer. Lo que ha surgido como un ejercicio para invitaros a vosotros lectores, a concienciaros de lo importante que es darle espacio al placer en la vida, se ha convertido en una lección para mi.

Me recuerdo una vez más lo importante que es estar presente, ser consciente del momento que no vuelve, de las oportunidades que la vida nos regala para disfrutar.

Me parece un despropósito, que teniendo tantísimas ocasiones que contribuyen a elevar nuestros niveles de serotonina, se nos escape el bienestar de las manos. 

Digo bienestar y no felicidad, porque para mí son dos cosas diferentes. Para mí, el bienestar es el cimiento sobre el que edificamos la felicidad. 

El bienestar como cimiento, está influenciado por la forma en la que cuidamos de nuestro cuerpo, de nuestra mente, de nuestro espíritu. En definitiva de nuestro yo completo.

Al enumerar estas tres piezas de nuestro puzzle y la importancia de nutrirlas, se me viene encima una lista infinita de acciones que puedan parecer imprescindibles para cumplir el objetivo de mantener esta trinidad en forma; los consejos en redes, lo que leo en los libros, lo que dicen mis vecinos, lo que me cuentan mis amigos, lo que escucho en la radio… En realidad no. No hace falta sucumbir. No hace falta caer en las garras de la sobre información.

En realidad, si lo pensamos, ya estamos invirtiendo esfuerzo en cuidar cada una de esas tres dimensiones nuestras. Lo que ocurre es que, puede pasar, que el esfuerzo invertido, esté desapegado del placer. Y si ese es el caso, muy difícilmente vamos a palpar ese bienestar, y mucho más difícilmente acercarnos a la felicidad.

Llevo varias semanas haciendo un ejercicio interesante. Me puse un anillo en la mano derecha, para recordarme lo importante que es agradecer. Se me pasan muchísimas cosas, porque me despisto, no estoy presente o voy más rápido de lo necesario. Pero las que no se me pasan, que también son muchas, me abren los ojos a las maravillas de la vida. Empezando por respirar, por empezar por algo, y pasando por que por el simple gesto de girar el grifo con la mano, el agua esté a mi disposición. Caliente o fría, la que yo quiera.

¿Qué ha ocurrido cuando la conciencia se ha hecho eco de la realidad, con pelos y señales? ¿No sólo de experimentarla, si no de lo que para mí significa? 

Lo que ha sucedido, que puedo denominar como un pequeño, o mejor dicho, un grandísimo milagro, es que me he dado cuenta de que el placer máximo es estar vivo y tener ante nosotros multitud de posibilidades de las que disfrutar. 

En nuestro día a día, en este mundo que va a la velocidad del rayo y en el que cualquier invitación a la calma nos genera ansiedad, pues parece que nos fuésemos a perder algo, se nos solapan unas con otras, todas las oportunidades que nos da la vida para disfrutar. Es como si antes de que terminase un capítulo de una serie de Netflix, empezase el partido de la Selección y al rato, todo en el mismo canal, emitiesen El Hormiguero.

Creo que nos toca a nosotros, a cada uno a su manera y en sus circunstancias, encontrar las puertas que se nos abren cada día al placer y decidir cuáles son las que queremos atravesar. Hoy son unas y quizás mañana serán otras, pero definitivamente nos guiarán a un bienestar que no sólo repercutirá en nuestra felicidad, sino en la de nuestro entorno cercano y por extensión en la de nuestra comunidad.

Te invito a que hagas este ejercicio y permanezcas atento/a a esas pequeñas cosas que te proporcionan placer y que silenciosamente, ejercen un gran impacto en tu bienestar. 

Si te apetece compartir, escríbeme a mariarosa@welcomeemotions.net. Siento que al plasmar por escrito y compartir, hacemos más palpable el placer y lo multiplicamos. 

In Munay

Siguiente
Siguiente

El Camino