DIFERENCIAS


La mayoría de las acciones que llevamos a cabo a diario las hacemos de forma automática. Nos programamos para realizar tareas, una detrás de otra, y dejamos muy poco espacio a la improvisación. Desde el desayuno hasta la cena, todo está medido, planificado. Todo lo que nos ocupa el día aparece de una manera u otra en nuestra agenda.


Lo más habitual es medir el grado de satisfacción de cada día en función del número de tics que hemos marcado en nuestra lista, y esto a mí, personalmente, me genera mucha ansiedad.

Tanta ansiedad me genera que, tras salir despedida en una de las subidas y bajadas de la montaña rusa que es vivir en la sociedad actual, me he convertido en una persona lenta. Y, según con quién me compare, en una persona muy, muy lenta.


Mi semana comienza el domingo por la tarde. Si no empiezo a conectar con la semana desde el domingo, entonces es muy probable que me vea arrollada por la energía del lunes. Voy dándole forma a mi agenda semanal, sin olvidar la importancia de contar con espacios generosos entre citas y vacíos que se irán ocupando de manera orgánica. Ya sé que tengo que prestar atención a la sobreestimulación y descansar cuando me haga falta. Aprovechar esos diez minutitos de sol en la medida de lo posible y mover la energía de mi cuerpo para que no se quede estancada.


En realidad, si me observo con perspectiva y recurro a mi memoria personal, concluyo que realmente no he experimentado conversión alguna. Lo que ha sucedido, es que he vuelto a ocupar de nuevo el lugar que me corresponde. El lugar en el que me siento a gusto y desde el que puedo prosperar.


Afortunadamente, poco a poco, la sociedad se da cuenta de que no hay dos personas iguales y de que, además, la riqueza está precisamente en la diferencia.

El reto es ahora el nuestro: enfrentarnos a preguntas como: ¿Cuál es la diferencia que aportamos a la sociedad, a la familia, a nuestro grupo de amigos?, ¿somos capaces de identificarla?, ¿nos atrevemos a compartirla?, ¿nos responsabilizamos de nutrirla y hacerla florecer?


Según mi experiencia, es difícil reconocer en uno mismo un germen de algo diferente. Para empezar, porque tendemos a pensar de partida que la persona de al lado es igual que yo, siente igual que yo, razona igual que yo. De pequeños, y sobre todo en la adolescencia, sentimos de forma muy intensa la necesidad de pertenecer, y eso, llevado al extremo, nos hace renunciar a partes de nosotros mismos que objetivamente son muy valiosas. Tienen que pasar años de prueba y error y se tienen que vivir muchas experiencias, positivas y negativas, para recuperar o incluso comenzar a atisbar ese algo que nos hace distintos, que nos hace únicos.


La diferencia no es algo obvio. Muchas veces no se detecta a primera vista. Habrá personas que no la perciban y, sin embargo, para otras será evidente. A veces te hará dudar y otras veces te conducirá a lugares todavía no explorados. Puedes sentirte orgulloso de quien eres en tu diferencia y, en ocasiones, no tanto. Pero lo importante es que forma parte de tu identidad personal y te mantiene anclado a tierra. Es como esa voz que de repente te grita para que no te despistes si caminas por senderos imposibles. Es tu confidente y se siente cómoda a tu lado.


Muchas veces, la mayoría de las veces, la vida nos lleva por caminos que nosotros no elegimos. Tenemos que sortear obstáculos imprevistos y apagar fuegos repentinos. En el fragor de la supervivencia no hay tiempo para pensar quién soy y cuál es mi talento.


Sin embargo, es en estas situaciones donde quizás esté más presente mi cualidad diferencial, empujándome a salir adelante en los momentos complicados y a aportar valor a los demás cuando las cosas se tuercen.


Quisiera además añadir que lo más fascinante para mí es experimentar que no estamos solos en nuestras diferencias. Hay muchas personas como nosotros con las que podemos conectar y compartir, crecer y descubrir, y sembrar semillas que con el tiempo den frutos de los que todos podamos disfrutar.


Así que desde aquí va una mirada apreciativa y un ¡VIVA! a la diferencia, y para concluir, os reitero con curiosidad estas preguntas: ¿Habéis identificado vuestra singularidad?, ¿la acogéis y la exprimís? Estaré encantada de leeros si sentís compartir en mariarosa@welcomeemotions.net



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